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La Formación, la llave para el empleo también para personas con discapacidad

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PEDRO ARCAS CAMPOY | PRESIDENTE DE FEAPS REGIÓN DE MURCIA (FEDERACIÓN DE ORGANIZACIONES EN FAVOR DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD INTELECTUAL)

Las familias de las personas con discapacidad intelectual hemos premiado recientemente a empresas e instituciones que les proporcionan trabajo. En FEAPS Región de Murcia, llevamos 15 años entregando los premios Laurel. Es un humilde detalle por devolver a los premiados algo por su esfuerzo. A pesar de las dificultades económicas, no han faltado ejemplos de organizaciones y empresarios comprometidos con la sociedad murciana, abiertos a conocer a los trabajadores con discapacidad y a darles una oportunidad.

En esta ocasión, los premiados han sido AES Energía Cartagena, RLM-Alejandro Sanz, Grupo Diego Zamora, Grupo Abeto, el Consejo Local de la Juventud de Murcia y la Escuela de Infantería de Marina 'General Albacete y Fuster'. Entre ellos hay ejemplos de contratación, de facilitación de practicas y de adquisición de productos de los centros especiales de empleo. A cada uno se le reconoce una experiencia distinta pero todas con el mismo fin: dar una oportunidad laboral, con todo lo que ello implica para cualquier persona, más si cabe en estos momentos y por supuesto en el caso de las personas con discapacidad intelectual.
Estos premios en época de crisis tienen más valor aún. Las dificultades económicas no pasan desapercibidas para nadie. Para los trabajadores con discapacidad, como para el resto, parecen aumentar las dificultades para obtener esa oportunidad a la que me refería. Es importante recordar que piden una oportunidad para demostrar que pueden trabajar, ser eficientes y productivos. Es de esto y no de otra cosa de lo que hablamos cuando pedimos integración laboral.
Si la tasa de desempleo de las personas con discapacidad ya dobla la de la población general, en el caso de las personas con discapacidad intelectual en situación de trabajar la tasa se triplica y llega al 60%. Las familias de estas personas, las asociaciones que les representamos tenemos el deber de dar a conocer esta realidad. No está en nuestras manos, al menos no únicamente, ponerle solución, pero debemos hacerla visible.
Nosotros tenemos que evidenciar que, a diferencia del resto de trabajadores, aquellos con discapacidad encuentran los escollos desde la raíz de lo que debe ser la solución: la formación. Quizá mucha gente desconozca que, a pesar de los esfuerzos de las asociaciones y de los propios interesados, es muy difícil certificar la formación adquirida por estos potenciales trabajadores, documentar oficialmente su preparación, conocimientos y habilidades. Tenemos que recordar que para este colectivo también vale la máxima en el que todos los agentes sociales parecen coincidir: la salida a esta situación debe pasar por una mejor formación. La crisis nos ha recordado que es importante certificar los conocimientos que se tienen y que los trabajadores no cualificados tienen mucho más difícil hacerse un hueco en el mercado laboral.
La formación debe ser la vía para resolver esta situación. Los empresarios y las instituciones buscan personas formadas. En las asociaciones lo sabemos y ofrecemos formación ajustada a las capacidades de cada persona. Ahora necesitamos que esa preparación sea reconocida. Necesitamos que cuando salgan al mercado laboral, donde al fin y al cabo van a competir, puedan acreditar su formación.
Confiamos en que la Administración regional lo comprende. Sabemos que por algo la Comunidad Autónoma reunió en una misma Consejería la Educación, la Formación y el Empleo. Hasta ahora esta Consejería siempre nos ha escuchado y estamos seguros de que en este caso también lo hará.
Tenemos que trabajar juntos porque se lo debemos a las familias y a las personas con discapacidad intelectual. Tienen derecho al trabajo. Ellos demuestran estar a la altura cuando tienen la oportunidad. Ellos esperan que nosotros, las administraciones y el movimiento asociativo, también estemos a la altura.

 

Las familias de las personas con discapacidad intelectual hemos premiado recientemente a empresas e instituciones que les proporcionan trabajo. En FEAPS Región de Murcia, llevamos 15 años entregando los premios Laurel. Es un humilde detalle por devolver a los premiados algo por su esfuerzo. A pesar de las dificultades económicas, no han faltado ejemplos de organizaciones y empresarios comprometidos con la sociedad murciana, abiertos a conocer a los trabajadores con discapacidad y a darles una oportunidad.
En esta ocasión, los premiados han sido AES Energía Cartagena, RLM-Alejandro Sanz, Grupo Diego Zamora, Grupo Abeto, el Consejo Local de la Juventud de Murcia y la Escuela de Infantería de Marina 'General Albacete y Fuster'. Entre ellos hay ejemplos de contratación, de facilitación de practicas y de adquisición de productos de los centros especiales de empleo. A cada uno se le reconoce una experiencia distinta pero todas con el mismo fin: dar una oportunidad laboral, con todo lo que ello implica para cualquier persona, más si cabe en estos momentos y por supuesto en el caso de las personas con discapacidad intelectual.
Estos premios en época de crisis tienen más valor aún. Las dificultades económicas no pasan desapercibidas para nadie. Para los trabajadores con discapacidad, como para el resto, parecen aumentar las dificultades para obtener esa oportunidad a la que me refería. Es importante recordar que piden una oportunidad para demostrar que pueden trabajar, ser eficientes y productivos. Es de esto y no de otra cosa de lo que hablamos cuando pedimos integración laboral.
Si la tasa de desempleo de las personas con discapacidad ya dobla la de la población general, en el caso de las personas con discapacidad intelectual en situación de trabajar la tasa se triplica y llega al 60%. Las familias de estas personas, las asociaciones que les representamos tenemos el deber de dar a conocer esta realidad. No está en nuestras manos, al menos no únicamente, ponerle solución, pero debemos hacerla visible.
Nosotros tenemos que evidenciar que, a diferencia del resto de trabajadores, aquellos con discapacidad encuentran los escollos desde la raíz de lo que debe ser la solución: la formación. Quizá mucha gente desconozca que, a pesar de los esfuerzos de las asociaciones y de los propios interesados, es muy difícil certificar la formación adquirida por estos potenciales trabajadores, documentar oficialmente su preparación, conocimientos y habilidades. Tenemos que recordar que para este colectivo también vale la máxima en el que todos los agentes sociales parecen coincidir: la salida a esta situación debe pasar por una mejor formación. La crisis nos ha recordado que es importante certificar los conocimientos que se tienen y que los trabajadores no cualificados tienen mucho más difícil hacerse un hueco en el mercado laboral.
La formación debe ser la vía para resolver esta situación. Los empresarios y las instituciones buscan personas formadas. En las asociaciones lo sabemos y ofrecemos formación ajustada a las capacidades de cada persona. Ahora necesitamos que esa preparación sea reconocida. Necesitamos que cuando salgan al mercado laboral, donde al fin y al cabo van a competir, puedan acreditar su formación.
Confiamos en que la Administración regional lo comprende. Sabemos que por algo la Comunidad Autónoma reunió en una misma Consejería la Educación, la Formación y el Empleo. Hasta ahora esta Consejería siempre nos ha escuchado y estamos seguros de que en este caso también lo hará.
Tenemos que trabajar juntos porque se lo debemos a las familias y a las personas con discapacidad intelectual. Tienen derecho al trabajo. Ellos demuestran estar a la altura cuando tienen la oportunidad. Ellos esperan que nosotros, las administraciones y el movimiento asociativo, también estemos a la altura.