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Encerrados y Abandonados a su suerte

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 Encerrados y Abandonados a su suerte

Los miembros del comité de empresa de AMCA llevan más de un mes durmiendo en la sede

Solos y extrañamente abandonados. Así se sienten los miembros del comité de empresa del desaparecido centro especial de empleo de AMCA, la Asociación de Minusválidos del Campo Arañuelo, que llevan más de un mes encerrados en la sede para salvar la propia sede y exigir que se aclare lo que ha ocurrido con el colectivo, que ha pasado de tener 94 trabajadores a ninguno y un agujero que estiman en más de cuatro millones de euros.

Tinín, Juan, Joaquín y Andrés son los encerrados. Desde que tomaron esa decisión han pasado la mayoría de las noches durmiendo en el aula de formación de la sede que la asociación tiene a pocos metros de la plaza de las Minas. Hasta allí se acercan a diario para darles ánimo otros socios o algunos de sus compañeros en el centro especial de empleo que funcionó en el polígono industrial.
Sin embargo no han pasado ni el presidente de AMCA, Antonio Redondo - que según aseguran continua de baja por enfermedad- ni ninguno de sus directivos, ni tampoco responsables del Ayuntamiento. «Parece que en Navalmoral hay vecinos de primera y de segunda, porque cuando alguien tiene un problema el Ayuntamiento acude rápidamente, pero se ve que los minusválidos no le importamos», se lamenta Juan Toré.

Entrevista con Vara
A decir verdad, y al margen de las actuaciones judiciales que van a iniciar en breve, la única esperanza que les queda es que el presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, cumpla el compromiso que contrajo con ellos hace unas semanas de recibirles en Mérida para que le expliquen la situación y trate de ayudarles a solucionar la problemática. Sobre todo mantener algunos de los puestos de trabajo que se llegaron a tener, ya que entienden que del agujero económico que han denunciando se encargarán los tribunales.
Precisamente eso, encontrar documentación que aportar a la denuncia, es lo que vienen haciendo desde que decidieron hacer pública la situación de AMCA. Aunque confiesan no les está resultando fácil, ya que por un lado apenas aparecen papeles de la gestión que se ha hecho en los últimos años y por otro siguen surgiendo particulares y empresas que dicen que la asociación les debe dinero. De hecho ya les han cortado el teléfono por los recibos que tienen sin pagar. Con la luz hasta ahora han tenido más suerte, lo que les permite continuar en la sede, que no quieren abandonar hasta que les garanticen que seguirá siendo de la asociación.
La intención de los encerrados sigue siendo convocar una asamblea extraordinaria para que los socios de AMCA conozcan la situación y elijan una gestora que se haga cargo de la asociación y continúe adelante con los trámites. Pero todavía no pueden hacerlo porque ni ellos mismos conocen como es esa situación por mucho que lo intenten. «Lo que no vamos a consentir es que esto se quede como si no hubiera pasado nada», afirman.